Domingo por la mañana. Frio y viento.
Una desagradable sensación, mezcla de una resaca nocturna no del todo madurada y de pereza por el madrugón y por las dos horas de esfuerzo físico que me esperan, se apoderan de mi mientras me obligo a desayunar con la desgana habitual de cada mañana.
En esto, que el repetitivo soniquete de mi móvil (demasiado estridente para estas horas, sin duda), me despierta del letargo en el que he sumido observando como se ablanda poco a poco la galleta al contacto con la leche caliente. Es el abuelo.
Demasiado despierto y animado el muy cabrón, pienso; seguro que está desde las diez calentando para darme una paliza hoy. A mi, por el contrario, me cuesta disimular mi persistente ronquera, fruto de sucesivos catarros que no me acabo de quitar de encima.
Resulta que la masa GoGo nos ha dejado tirados. Una noche loca, probablemente en la que ha acabado en los brazos alguna bella e inocente victima, es demasiado hasta para él. Así que nos hemos quedado sólos el abuelo y yo.
La situación, por tanto, es dramática. !Dos horas sin descanso!. Aun así, decido echarle valor y asumir el reto, tratando de ocultar al abuelo mis miedos y dudas, no puede atisbar ni un ápice de debilidad o estaré perdido...
Definitivamente, la mañana es tan desagradable como aparenta. De eso me doy cuenta camino del polideportivo, al cual llego un poco más tarde que el abuelo, aunque no lo suficiente como para que el cascarrabias me la monte. Probablemente, se corta un poco porque le llevo una muñequera para su maltrecha articulación, y es que el reuma ya no perdona al zanguango.
Me sorprende la frondosidad de su pelo pincho, le pregunto que si se ha hecho algo, pero no, le sale así, natural. Es el abuelo. Preparado para la ocasión como sólo puede estarlo él.
Sobre el partido en cuestión no hablaré demasiado. Sólo diré el resultado final, para que cada uno extraiga sus conclusiones... 6-1/4-1 a favor de Joao. Sorprendente, ¿verdad?.
Me alegra llevarme contra todo pronóstico el 1er trofeo "LAKARRAKA DE LA ABUELA"; pero lo que más me alegra es ver aparecer de repente a ese gracioso calvete que da nombre al trofeo, y que también conocemos como CARRACKS.
El tío es capaz de venirse para jugar sólo veinte minutos. Veinte minutos, sí. Pero suficientes para demostrarnos cómo, a pesar de su uña semidespegada y de su dolorida ingle llena de pelos, es capaz de seguir dando espectáculo y, como era de esperar, derrotarnos a ambos y aun así, no perder su humildad y su sencillez.
Este trofeo te lo dedico a tí, Carracks, y a todos aquellos que se van del trabajo antes que el jefe; y para el que pagó el gimanasio y además, fué; y para la que no espera a que un hombre la llame, sino que llama ella y te invita a salir; y al que siempre pone la casa en las fiestas y te dice: "iros, que yo recojo"!!!;
Pero sobre todo, se lo dedico a Jose Maria Íñigo, nuestro Dios, por quitarse el peluquín!